A continuación presentare un tratado
llamado Tengu Geijutsu Ron por Niwa (jurozaemon) sacado de la
publicación Budô “artes marciales y cultura japonesa” Esta obra fue
publicada en 1729 sintetizando las principales ideas de la época. La
aplicación de la doctrina del Neoconfucianismo a la experiencia de las
artes marciales y la esgrima que hasta entonces habían sido entendidas
tradicionalmente desde un contexto del
Budismo Zen.
Los textos muestran unos diálogos entre TENGU
“seres mitológicos con alas y largas narices a los que se les atribuye
el conocimiento de los secretos de la esgrima (ken jutsu)”
Dentro del Heike Monogatari (cuento de Heike) cuenta
la historia de Miyamoto Yoshitsune quien durante su exilio en las
montañas de Sojogatani en
Kurama habría aprendido los misterios de la
esgrima practicando con los TENGU.
“ Un gran Tengu cuya nariz no era tan larga
como la de los otros y cuyas alas eran apenas visibles, se sentó en su
silla vestido con ropas ceremoniales y habló de esta manera: “Todo lo
que ustedes han discutido hasta ahora no carece de lógica. Desde los
tiempos más remotos se ha afirmado que las emociones son sociables; que
trabajar en pos de la técnica es una actividad respetable, que se debe
ser persistente y no caer en la negligencia, y finalmente, que las
enseñanzas del Maestro deben ser tomadas con confianza y ejercitadas de
todo corazón de la mañana a la noche”.
Al practicar la técnica se resolverán las
confusiones y una ves obtenida la maestría, la esencia del Principio
será aprendida.
De esta manera un
profundo conocimiento de sí tendrá lugar.
Al comienzo el Maestro enseña la técnica sin gastar una
sola palabra sobre su significado; espera, simplemente, que el
estudiante lo descubra por sí mismo. Esto se llama “tensar el arco sin
disparar”
No es a causa de ninguna debilidad que el
Maestro se abstiene de dar explicaciones; lo hace con el propósito de
obligar al alumno a que aprenda prácticamente entregando su
Corazón.
Cuando el alumno ha
practicado con todo su corazón y ha conseguido resultados por sus
propias fuerzas, recién entonces vuelve el Maestro, y este último, si su
Corazón se lo dicta, no hace más que confirmar lo que el alumno ya ha
experimentado.

No hay instrucción explícita por parte del
Maestro. Esto no se aplica solo a las artes, sino al conocimiento en
general. Confucio dijo: Si le muestro un ángulo y no descubre los otros
tres no se lo repetiré. Los antiguos se cuidaron de enseñar con este
método. Las artes y los estudios académicos eran igualmente importantes
para ellos.
Entre los hombres de nuestra época, los
sentimientos son bajos y la voluntad débil; desde su infancia son
inhibidos por el confort y los esfuerzos mal administrados, se educan
con una mentalidad ventajosa y están esperando aprovechar la menor
oportunidad a su favor. Si fueran instruidos con el método de los
antiguos todo sería diferente, pero en la realidad no hay nadie que lo
haga de esta manera.
En la actualidad, el Camino es revelado por
las enseñanzas del Maestro, que tiene palabras comprensibles aún para el
principiante que se inicia en los secretos del arte. El Maestro toma al
alumno de la mano y lo tira hacia adelante mostrándole la dirección
correcta. No es más que esto. Pero precisamente porque son conducidos de
esta manera muchos se aburren y no llegan muy lejos.
Después de un cierto tiempo los practicantes
alcanzan un alto grado de comprensión del Principio; pero entonces es
cuando comienzan a rechazar a los antiguos por su inadecuación a la
actualidad y más aún ¡ se empeñan en alcanzar el cielo sin tener la
practica suficiente!. Esta es la tendencia que predomina en nuestros
días.
Guiar a una persona es como conducir un
caballo; la Fuerza Vital que lo induce a permanecer en movimiento con
armonía debe ser estimulada y aquella que lo lleva a salirse de su rumbo
debe ser suprimida. ¡Todo esto debe lograrse sin emplear la
fuerza!.
Si el Corazón está demasiado concentrado en la
técnica, la Fuerza Vital se verá trabada y carecerá de armonía y
balance. Esta actitud podría ser calificada como buscar el fin olvidando
el comienzo.
Pero también es
equivocado descartar la práctica y decir que ella no es necesaria. La
función de la esgrima y el Budô es la técnica. Si esta función es
descartada ¿qué referente podría tener el Principio de su propia
esencia?
Practicando la función se despierta la esencia
y es en este despertar que radica la función. La esencia y la función
tienen un solo origen, no hay disparidad entre la apariencia exterior y
la sustancia interior.
El súbito
despertar a la comprensión del Principio es posible, pero si la técnica
no ha sido dominada, la Fuerza Vital se volverá rígida y la forma
carecerá de espontaneidad. La técnica surge del Principio; la no forma
domina sobre la forma. De esta manera la técnica es practicada a partir
de la Fuerza Vital y la Fuerza Vital es ejercitada desde le corazón.
Este es el orden natural de las cosas.
Cuando la madurez técnica a sido obtenida, la
Fuerza Vital es balanceada y el espíritu está en calma.
El botero aferra el timón y navega por el
estrecho canal como si anduviera por una gran ruta. No necesita hacer
ningún esfuerzo para ello. El nadador experimentado se aventura a las
grandes aguas; sabe como conducirse para no morir ahogado, su espíritu
es firme y le da gran libertad de movimientos. El leñador recorre un
estrecho camino en la forestal cargando a su espalda una pesada carga de
leña, y así el albañil que trepa por la torre de las ciudades para
colocar sus tejas. Todos ellos han dominado sus respectivas técnicas,
están libres de dudas y de miedo; sus espíritus son firmes y le dan
libertad a sus actos. Lo mismo ocurre en la esgrima y el Budô. Si una
persona es madura en su arte, si su Corazón ha penetrado los secretos,
si se ha probado ha si mismo en el manejo de la técnica y ya no tiene
dudas ni temores, entonces su Fuerza Vital será activa y su espíritu
firme; reaccionará ante cualquier situación con libertad y sin
inhibiciones.
Pero el conocimiento de todo esto sólo puede
surgir del ejercicio y la confianza en la Fuerza Vital. Las palabras
solo sirven para explicar algo que debe ser experimentado. Esa natural y
espontánea capacidad de reacción, en la retirada sin forma y en el
ataque sin aspecto, ese maravilloso desplegarse del carácter insondable
al que no se llega solamente por medio del corazón, ni por escucharlo de
otros, ni por aprenderlo de los Maestros, sólo puede adquirir
naturalmente ganando habilidad técnica por la practica
constante.
La participación del
Maestro se limita a dirigir al estudiante en la dirección correcta. Esto
no es fácil de explicar y por lo tanto raro de encontrar en este
mundo.
Otro de los TENGU preguntó: ¿Si esto es así,
no se trata de un camino que resultará inaccesible para la gente como
yo, a pesar de mi esfuerzo en practicarlo?
El Gran TENGU respondió: ¿ Qué quieres decir con eso de
que el camino es inaccesible? Un hombre puede adquirir la estatura de un
sabio a través del estudio; mucho mas fácil entonces, es dominar una
habilidad artística específica, tal como la esgrima o el
Budô.
Las Artes Marciales son básicamente, el
ejercicio de la Fuerza Vital. En el comienzo del aprendizaje la Fuerza
Vital es ejercitada por medio de las técnicas. No tiene sentido
ejercitar la Fuerza Vital separada de la técnica en el principio, porque
entonces no habrá ninguna forma de comprobar su desarrollo.
Sólo cuando la disciplina de la Fuerza Vital
ha madurado se puede continuar hasta llegar al Corazón. El que este
proceso se produzca lenta o rápidamente depende de nuestras cualidades
innatas.
El maravilloso despliegue del Corazón es fácil
de comprender, sin embargo, es difícil retener la suficiente libertad
ante cada situación cambiante por medio de la propia
comprensión.
La esgrima y el Budô son un arte de vida o
muerte. Es fácil entregar la vida y morir, pero es difícil no percibir a
la vida y la muerte como una dualidad. Aquel que no vea la vida y la
muerte como una dualidad podrá obtener la liberación
fácilmente.
Otro de los Tengu preguntó: “Hay un punto de
vista que confronta la vida y la muerte sin diferencia, ni aversión. ¿
Pero no hay mayor libertad cuando una persona rechaza las demandas de la
Vida?
En la doctrina del Sabio –
Confucio – la vida y la muerte no son percibidas como una dualidad; en
la vida se cumple el Camino de la Vida y en la Muerte se cumple el
Camino de la Muerte. De esta manera la conciencia no se agita en
absoluto y se obtiene la tranquilidad del espíritu, así uno es libre en
la vida y en la muerte.
En contraste, el Monje
Zen
no ve más que
ilusión y decepción en la vida; nada más que sueño y pretensión en el
mundo del hombre; por eso cree que aceptar el Camino de la Vida es
aferrarse a la existencia y sofocarse en ella.
Cuando la Muerte llega, no se aferra a la vida; él sabe,
simplemente, que el mundo entero es sólo una forma del
Corazón.
Al escuchar esto último, otro de los Tengu
preguntó: ¿Porqué entonces desde los tiempos más antiguos los
esgrimistas se han unido a los Monjes Zen y han estudiado sus más
profundos secretos?
El gran Tengu
respondió: No es verdad que los Monjes Zen hayan trasmitidos los
secretos del arte de la esgrima. Sólo cuando el Corazón está en
equilibrio el hombre puede confrontarse con las cosas de la manera mas
adecuada. Por otra parte, es verdad que un hombre sufrirá si ama la vida
y se aferra a ella.
Si todas las fibras del corazón de una persona
están agitadas y excitadas como si estuviera en las Cuevas de los Tres
Mundos(1) esto sólo demuestra que su actitud en la vida es errónea. Esas
personas de las que tú hablas, han concentrado su voluntad en este arte
sin descanso y durante muchos años han ejercitado su Fuerza Vital hasta
llegar al dominio de la técnica. Sin embargo, sus Corazones no aceptaron
las vicisitudes de la victoria y la derrota. Pasaron años y meses
sumidos en el enojo y la indignación y fue entonces que se unieron a un
Monje Zen y aprendieron el Principio de la vida y de la
muerte.
Cuando escucharon que todas las cosas de este
mundo son meras transfiguraciones del Corazón, comprendieron
inmediatamente y sus espíritus alcanzaron la tranquilidad. Sólo entonces
pudieron liberarse de sus previos objetivos y sentirse
libres.
Todo esto sólo fue posible porque se habían
preparado durante años ejercitando su Fuerza Vital y probándose a sí
mismos en el manejo de la técnica. Nada de esto se consigue de la mañana
a la noche.
Lo mismo ocurre con la
búsqueda del despertar bajo la vara del Monje Zen; la iluminación no cae
del cielo, el que aún no esté maduro en el arte podrá seguir a los
bonzos más famosos sin obtener la Iluminación”.
Notas:
1_Los tres Mundos: en Sánscrito Trailokyao Triloka. En
Japonés Sangai.
a) Yokkai
–Kamadhatu- ; contiene los seis cielos humanos y las regiones
infernales.
b) Shikikai
–Rupadhatu- ; contiene el mundo de las formas.
c) Mushikikai –Arupadhatu- ; contiene el mundo del
espíritu puro.
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